Durante la Primera Guerra Mundial, muchas mujeres se trasladaron a las zonas de conflicto para ayudar a las organizaciones que se pusieron en marcha para llevar a cabo tareas logísticas y sanar a los heridos en el frente. Muchas de estas mujeres no sólo ejercían su labor como enfermeras, ayudaban conduciendo ambulancias o reconstruyendo edificios en ruinas. Cualquier colaboración era necesaria. Pero también era indispensable mantener el ánimo de todos aquellos que habían dejado su hogar para viajar a tierras lejanas y hostiles de las que no sabían si saldrían vivos o muertos. En el frente belga, una mujer de familia aristocrática dejó atrás el lujo y contribuyó a sanar a los enfermos. Y también se afanó en amenizar las horas muertas y tristes en el frente organizando el te de las cinco. 
Lady Dorothie Mary Evelyn Feilding-Moore nació el 6 de octubre de 1889 en el seno de una familia aristocrática inglesa. Su padre, Rudolph Fielding, era el noveno conde de Denbigh. Junto a su esposa, Cecilia Mary Clifford, tuvieron diez hijos, tres chicos y siete chicas. Dorothie fue educada en su hermoso hogar de Warwickshire y posteriormente en el Convento de la Asunción de París, donde aprendería a hablar francés de manera fluida, algo que le sería muy útil cuando se trasladara al frente belga.
Dorothie estaba destinada a convertirse en una dama de la alta sociedad británica pero el estallido de la Primera Guerra Mundial trastocaría sus planes como los de millones de personas. Pocos meses después de que Inglaterra entrara en el conflicto, Dorothie decidió unirse a la ayuda sanitaria y aprendió rápidamente rudimentos de enfermería en el Hospital Rugby. En septiembre de 1914, se unió al peculiar grupo creado por el Doctor Hector Munro formado por dos conductores, varios médicos y tres enfermeras voluntarias, Mary Sinclair, Elsie Knocker y Mairi Chisholm

 

 

En Bélgica, Dorothie participó en las misiones de ayuda que consistían en transportar heridos desde el frente hasta el hospital situado en la localidad de Furnes. Su origen aristocrático no fue impedimento para que Dorothie se volcara en colaborar en las tareas necesarias para curar a los heridos y mejorar sus condiciones físicas y psíquicas. Al parecer, Dorothie hacía las delicias de los soldados con su “te de las cinco” que organizaba en las ruinas de Furnes intentando hacer que se sintieran como en casa. 
Dorothie permaneció en Bélgica hasta junio de 1917. Su labor en el frente fue reconocida con varias condecoraciones como la Medalla al mérito militar del ejército británico, la medalla del rey Jorge V y la cruz de los caballeros de la Orden de Leopoldo II otorgada por el rey Alberto I de Bélgica. 
Poco después de regresar a Inglaterra, Dorothie se casó con el Capitán Charles Joseph Henry O’Hara. Aún en Inglaterra continuó colaborando con los cuerpos sanitarios trasladando a los heridos que llegaban del frente hasta los hospitales ingleses.
Finalizada la guerra, Dorothie y Charles se instalaron en una antigua mansión en Tipperary donde formaron una familia con cinco hijos. En su nuevo hogar, Dorothie se volcó en distintas asociaciones de la zona relacionadas con la enfermería, la agricultura e incluso la caza. 
Dorothie Fielding falleció en su casa de Tipperary el 24 de octubre de 1935. Tenía cuarenta y seis años.